Administracion

Ketamina en KAP: ¿cuál es la mejor vía de administración?

La ketamina puede administrarse de distintas formas. Las principales alternativas que pueden encontrarse en Chile son la vía endovenosa, intramuscular e intranasal.

Todas pueden producir efectos terapéuticos, pero existen diferencias importantes en la rapidez del efecto, la posibilidad de ajustar la dosis, la disponibilidad y el costo.

Para el paciente, una de las diferencias más importantes es cuánto control existe sobre la administración mientras se desarrolla la experiencia.

1. Endovenosa: la opción con mayor control

La ketamina se administra lentamente a través de una vía venosa, habitualmente utilizando una bomba de infusión que permite controlar con precisión cuánto medicamento recibe el paciente y a qué velocidad.

Esta es su principal ventaja: la administración puede modificarse durante la propia sesión.

La ketamina no tiene que administrarse toda de una vez. Se puede comenzar progresivamente y observar cómo responde cada persona.

Si el efecto todavía es insuficiente, puede ajustarse la administración. Si se alcanza la intensidad buscada, puede mantenerse. Y si la experiencia comienza a resultar demasiado intensa, la infusión puede disminuirse o detenerse.

Esto no hace desaparecer inmediatamente la ketamina que ya fue administrada, pero evita continuar entregando más medicamento.

Esta posibilidad de ajustar la administración es especialmente importante porque no todas las personas responden exactamente igual a una misma dosis.

La vía endovenosa permite así una experiencia más progresiva y adaptable a la respuesta individual. Además, es la vía de ketamina que cuenta con una larga trayectoria de investigación científica para el tratamiento de la depresión.

Su principal inconveniente es que necesita una vía venosa, una bomba de infusión, monitorización y una infraestructura clínica adecuada.

2. Intramuscular: rápida y sencilla, pero menos controlable

La ketamina intramuscular se administra mediante una inyección en un músculo.

Su efecto aparece rápidamente y puede alcanzar una intensidad importante. Por esta razón también se utiliza internacionalmente en algunos programas de KAP.

Tiene la ventaja de ser técnicamente sencilla y no requiere mantener una vía venosa durante toda la sesión.

Sin embargo, presenta una diferencia fundamental respecto de la vía endovenosa:

una vez colocada la inyección, la dosis ya está administrada.

Si la experiencia resulta más intensa de lo esperado, no existe la posibilidad de reducir la cantidad recibida. Hay que acompañar al paciente y esperar a que el organismo vaya eliminando el medicamento.

También es importante considerar su disponibilidad. La ketamina intramuscular no se ofrece en todos los centros, por lo que encontrar programas que utilicen específicamente esta modalidad puede ser más difícil.

Es una alternativa válida y utilizada internacionalmente, pero proporciona menos capacidad de ajuste durante la sesión que una infusión endovenosa.

3. Intranasal: cómoda, pero considerablemente más costosa

La alternativa intranasal disponible en Chile corresponde principalmente a esketamina, un medicamento relacionado con la ketamina que se administra mediante un dispositivo nasal.

Su principal ventaja para el paciente es evidente: no necesita agujas ni una vía venosa.

La esketamina intranasal cuenta además con estudios y aprobación para determinados pacientes con depresión resistente.

Sin embargo, presenta algunas limitaciones.

La absorción por la nariz puede ser más variable que por vía endovenosa y depende de factores como la técnica de administración y las características de la mucosa nasal.

Además, una vez administrada la dosis, no puede disminuirse según la intensidad que vaya alcanzando la experiencia.

En Chile existe además una consideración práctica importante: el tratamiento con esketamina intranasal puede tener un costo considerablemente mayor, especialmente cuando se considera que el tratamiento habitualmente requiere múltiples administraciones.

Por eso, aunque evitar una vía venosa puede parecer inicialmente una ventaja importante, es necesario considerar conjuntamente el costo, la disponibilidad y el menor grado de control sobre la administración.

¿Y las otras vías?

En otros países también existen programas que utilizan ketamina subcutánea, sublingual, bucal u oral.

Estas alternativas pueden ser sencillas, pero presentan una absorción más variable y existe menos experiencia clínica con algunas de ellas en KAP.

Además, una vez ingerida, absorbida o inyectada la dosis, no existe la posibilidad de modificarla según cómo esté respondiendo el paciente.

Por esta razón, no constituyen actualmente las principales alternativas disponibles en Chile.

La vía de administración no reemplaza la seguridad

Independientemente de la vía utilizada, la ketamina puede producir cambios importantes en el estado de conciencia y también efectos físicos transitorios, como aumentos de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca.

Por eso, la seguridad no depende solamente de elegir correctamente la dosis.

En un modelo médico de KAP, la administración de ketamina debe estar a cargo de un anestesiólogo, con evaluación previa, monitorización durante la sesión y equipamiento apropiado para responder ante cualquier eventualidad.

El anestesiólogo está especialmente entrenado en el uso de ketamina, sedación, monitorización y manejo de cambios del estado de conciencia y de las funciones vitales.

Esto permite que el resto del proceso terapéutico pueda desarrollarse dentro de un entorno clínicamente controlado.

Entonces, ¿cuál es mejor?

Entre las alternativas disponibles, la vía endovenosa ofrece la mayor capacidad de control para el paciente.

La vía intramuscular es rápida y sencilla, pero no está disponible en todos los centros y, una vez colocada la inyección, no permite disminuir la dosis administrada.

La esketamina intranasal evita las agujas y cuenta con evidencia científica para depresión resistente, pero su costo puede ser considerablemente mayor y tampoco permite regular la administración una vez realizada.

La vía endovenosa, en cambio, permite administrar la ketamina progresivamente y ajustar la infusión mientras se observa la respuesta individual del paciente.

Puede aumentarse, mantenerse, disminuirse o detenerse según cómo se vaya desarrollando la experiencia.

Requiere una vía venosa, monitorización y la presencia de un anestesiólogo, pero esa mayor infraestructura es precisamente lo que permite alcanzar un grado superior de precisión y control.

Por estas razones, cuando el objetivo es realizar KAP buscando la mayor capacidad de control y adaptación a cada paciente, la administración endovenosa representa la mejor opción.

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