Si está comenzando una terapia con ketamina, es posible que se pregunte: ¿qué debería sentir durante la sesión? ¿Mientras más intensa sea la experiencia, mejor funcionará el tratamiento?
Es una pregunta muy razonable, especialmente porque las experiencias con ketamina pueden ser muy diferentes entre una persona y otra.
Puede sentir simplemente una profunda relajación, cambios en la percepción de su cuerpo o cierta distancia respecto de sus pensamientos. También puede experimentar imágenes mentales, recuerdos, emociones, alteraciones en la percepción del tiempo y del espacio o la sensación de estar separado de su cuerpo.
Existe además un grado mucho más profundo de disociación, conocido popularmente como “K-hole”.
Entonces aparece una pregunta importante: ¿necesita llegar hasta ahí para que la terapia funcione?
La evidencia científica disponible hasta ahora indica que no.
¿Qué significa experimentar disociación?
La ketamina puede modificar temporalmente la forma en que su cerebro integra la percepción del cuerpo, del entorno y de usted mismo.
Durante una sesión podría:
- sentir su cuerpo muy liviano o muy pesado;
- perder parcialmente la noción del tiempo;
- sentir que observa sus pensamientos o su vida desde cierta distancia;
- experimentar imágenes, recuerdos o emociones de una manera diferente;
- tener la sensación de estar separado de su cuerpo o del ambiente.
Estas sensaciones generalmente disminuyen progresivamente a medida que desaparece el efecto de la ketamina.
Además, no existe una experiencia que usted “deba” tener. La intensidad puede variar muchísimo entre personas e incluso entre diferentes sesiones de un mismo tratamiento.
¿Una experiencia más intensa significa un mejor resultado?
No necesariamente.
Durante años se ha investigado si la disociación producida por la ketamina es simplemente un efecto del medicamento o si también participa en su acción terapéutica.
Actualmente, la respuesta parece encontrarse en un punto intermedio. Lo que experimente durante la sesión puede ser importante, pero no es lo único que determina si el tratamiento funcionará. Mientras usted está teniendo la experiencia, también están ocurriendo cambios neurobiológicos relacionados con la plasticidad cerebral y el procesamiento emocional.
Entonces, ¿la disociación importa o no?
Puede importar, pero no existe una regla que diga que mientras mayor sea la disociación, mejor será el resultado.
Algunos estudios han encontrado que determinados grados de disociación se relacionan con una mejor respuesta antidepresiva. Pero otros han encontrado que la intensidad de la disociación no presentaba una asociación clínicamente relevante con la respuesta antidepresiva durante las cuatro semanas de tratamiento.
Por eso, si durante una sesión su experiencia fue menos intensa que la de otra persona, eso no significa que su tratamiento haya sido menos efectivo.
¿Y qué ocurre con la dosis?
Las dosis mayores de ketamina generalmente producen experiencias más intensas y mayor disociación. Pero aquí existe una diferencia muy importante: aumentar la dosis no significa necesariamente aumentar el beneficio en la misma proporción.
En otras palabras, más ketamina puede hacer que usted tenga una experiencia más intensa, pero eso no garantiza que obtenga un mejor resultado.
¿Qué es un K-hole?
“K-hole” no es un término médico formal. Se utiliza popularmente en usuarios recreativos para describir un estado de disociación extremadamente profunda producido por la ketamina.
En ese estado puede perder casi completamente la referencia de su cuerpo y del lugar donde se encuentra. Puede experimentar importantes alteraciones del tiempo y del espacio, sentir que está completamente separado de su cuerpo o tener dificultades para responder o comunicarse durante parte de la experiencia.
Algunas personas describen estos estados como profundos o significativos. Para otras pueden resultar confusos, angustiantes o simplemente poco útiles.
¿Necesita llegar a un K-hole?
No. La evidencia clínica disponible no indica que sea necesario alcanzar un K-hole para obtener el efecto antidepresivo de la ketamina.
Tampoco se ha demostrado que llevar sistemáticamente a los pacientes hacia experiencias cada vez más profundas produzca mejores resultados. Hacerlo sería confundir una experiencia farmacológicamente más intensa con una experiencia terapéuticamente más útil.
Y no son necesariamente lo mismo.
Una experiencia profunda no significa necesariamente perder completamente la conexión
Si la ketamina se utiliza como parte de un proceso psicoterapéutico, puede resultar especialmente interesante alcanzar un estado en el que usted pueda observar sus pensamientos, emociones, recuerdos o experiencias personales desde una perspectiva diferente.
Puede sentir que ciertas defensas disminuyen, que algunos pensamientos pierden momentáneamente su rigidez o que puede observar experiencias difíciles desde otra perspectiva. Todo esto puede ocurrir sin necesidad de perder completamente el contacto con su cuerpo o con el entorno.
Por eso, durante su tratamiento la pregunta no debería ser:
“¿Cómo puedo llegar lo más profundo posible?”
Una pregunta más útil sería:
“¿Qué profundidad de experiencia puede ser terapéuticamente útil para mí?”
Su experiencia será diferente a la de otras personas
No existe una profundidad perfecta que funcione para todos.
Usted puede obtener una mejoría importante con una experiencia relativamente tranquila, mientras que otra persona puede beneficiarse de experiencias disociativas considerablemente más profundas.
Incluso sus propias sesiones pueden ser muy diferentes entre sí.
Las primeras pueden ser relativamente suaves y las siguientes más profundas, o puede ocurrir exactamente lo contrario. Una sesión especialmente intensa tampoco significa necesariamente que haya sido la más terapéutica.
Por eso, no debería comparar su experiencia con la de otros pacientes ni intentar reproducir lo que otra persona sintió.
La dosis y la profundidad deben ajustarse considerando su respuesta clínica, tolerancia, características personales, objetivos terapéuticos y seguridad.
Hay otro aspecto importante: recordar la experiencia
La ketamina también puede afectar temporalmente la memoria.
Mientras está bajo sus efectos, especialmente cuando la exposición es mayor y la experiencia se hace más profunda, puede disminuir su capacidad para formar nuevos recuerdos. Esto significa que posteriormente podría recordar solamente fragmentos de lo ocurrido o incluso no recordar determinados períodos de la sesión.
Este efecto de la ketamina es conocido desde hace mucho tiempo en anestesiología. En una anestesia, que usted no recuerde determinados acontecimientos puede ser algo deseable.
Pero cuando la experiencia con ketamina forma parte de un proceso psicoterapéutico, no necesariamente ocurre lo mismo.
Imagine que durante una sesión aparecen recuerdos importantes, emociones, nuevas perspectivas sobre su vida o una manera completamente diferente de comprender una situación personal. Si posteriormente no recuerda prácticamente nada de aquello, parte de ese material puede resultar más difícil de explorar durante la integración.
Por eso, una experiencia extremadamente profunda, pero prácticamente olvidada, no necesariamente será más útil que una experiencia menos intensa que usted pueda recordar, comprender y posteriormente trabajar.
Esto vuelve a mostrar por qué profundidad, intensidad y utilidad terapéutica no significan exactamente lo mismo.
Entonces, ¿qué debería buscar durante una sesión?
Probablemente no debería buscar una sensación específica.
Tampoco necesita alcanzar un determinado grado de disociación ni mucho menos un K-hole para considerar que su sesión fue exitosa.
El objetivo debería ser encontrar una profundidad suficientemente significativa para usted, manteniendo al mismo tiempo la seguridad y una experiencia que pueda resultar terapéuticamente aprovechable.
Cuando existe psicoterapia asociada, puede ser especialmente interesante encontrar un equilibrio: una experiencia suficientemente profunda para permitir nuevas formas de sentir, observar y procesar, pero no necesariamente tan profunda que pierda completamente el contacto con ella o posteriormente no pueda recordarla.
Por eso, al terminar una sesión probablemente no sea tan importante preguntarse:
“¿Llegué suficientemente profundo?”
Puede ser mucho más útil preguntarse:
“¿Esta experiencia me permitió observar, sentir o comprender algo de una manera diferente? ¿Puedo recordarlo? ¿Puedo trabajar posteriormente con ello?”
En terapia con ketamina, la experiencia más intensa no necesariamente es la mejor. La mejor experiencia es aquella que resulta terapéuticamente útil para usted.
